Comparto una investigación periodística para el medio RED/ACCIÓN que me tocó hacer en 2021 acerca de las barreras y los mitos que persisten para la donación voluntaria de sangre. ¿Por qué muchos donantes son rechazados debido a su orientación sexual?
Van algunas partes del artículo publicado. Espero los anime a involucrarse con la cuestión en cada uno de sus países, hospitales, ámbitos de intervención.
Por qué, aunque faltan donantes voluntarios de sangre, el sistema expulsa muchos de ellos
En la pandemia bajó hasta un 80% la cantidad de donantes voluntarios y habituales. En Argentina, la ley permite que cualquier persona sana entre 16 y 65 años sea elegible para donar. Sin embargo, muchos donantes son rechazados —sin asidero científico— por su orientación sexual. ¿Qué se hace para revertir esto?
La transfusión de sangre es una práctica médica que salva vidas, pero la posibilidad de que todos los que la necesitan tengan acceso a ella no es exclusiva de los profesionales de la salud: está en nuestras manos. Siendo literales, en nuestros brazos, más exactamente en el pliegue del codo, en donde una aguja estéril unida a una sonda plástica delgada y a una bolsa para sangre, se puede insertar para tomar la sangre que corre por nuestra vena y juntarla en una bolsa unos 450 mililitros. Así de sencillo comienza el procedimiento de la extracción cuando vas a donar tu sangre.
Antes de ir a la bolsa y de que el líquido pueda ser recolectado para su posterior manejo y utilización, el extraccionista recoge algunos pocos mililitros en unos tubos para hacerles los primeros análisis que indican que esa sangre es segura y libre de infecciones y que resultará útil para que la reciba un paciente que en el futuro la necesite. El procedimiento, luego de la pequeña y a veces imperceptible molestia del pinchazo, es indoloro y la aguja permanece colocada unos 10 minutos. Cuando se completa, se retira la aguja, se coloca un pequeño apósito sobre la zona del brazo donde se pinchó y se coloca una venda chiquita para protegerla. Fácil, indoloro, rápido y necesario.
Necesario porque la sangre no se fabrica: pese a la evolución de las tecnologías médicas, aún no existe en la ciencia ningún método de reemplazo sintético de este material vital que todos los días reciben miles de personas en el país.
Pacientes hemofílicos, personas que llegan a las guardias con accidentes graves, otras quienes tienen programadas una cirugía mayor en la que probablemente pierdan mucha sangre, pacientes que padecen leucemia y requieren transplantes de médula ósea, y muchos más. Para todos nosotros, para el momento en que podamos necesitar una transfusión, existe en la Argentina una Red Nacional de Sangre coordinada por el Ministerio de Salud en la que están registrados 426 bancos de sangre públicos y privados de todas las provincias. Ellos se encargan de recibir, testear, almacenar y distribuir la sangre a las instituciones médicas. Pero no siempre dan abasto. Muchas veces las barreras están en la falta de educación. O en los prejuicios contra ciertos grupos de personas, como los hombres homosexuales y bisexuales.
Estas barreras se impusieron aún más durante la pandemia, que cortó con una tendencia creciente de más donantes: por el COVID-19 la donación se redujo entre un 50 y un 80%. Por ello, desde la Red Nacional de Sangre están lanzando campañas para que más personas se sumen a esta forma altruista de colaborar con la sociedad.
Por qué la sangre se dona
Una persona que dona su sangre puede salvar entre tres y cuatro vidas. Si bien este es un slogan y el correlato no es literal, representa que por cada extracción esa sangre se divide en tres unidades distintas y puede usarse para satisfacer la demanda de personas que padecen distintas patologías.
El problema es que, como explica la doctora Silvina Kuperman, jefa del Centro Regional de Hemoterapia del Hospital de Pediatría Garrahan: “La sangre se vence; no podemos simplemente recibirla una vez por año y guardarla. Las plaquetas duran 5 días y los glóbulos rojos 45 días. Los hospitales sin sangre no pueden funcionar”.
A este diagnóstico de la situación suma su reflexión el doctor Oscar Torres, médico especialista en Hemoterapia e Inmunohematología, presidente de la Asociación Argentina de Hemoterapia, Inmunohematología y Terapia Celular (AAHITC): “Si la población entre 16 y 65 años que está en condiciones de donar lo hiciera dos veces al año, en Argentina, seríamos autosuficientes”. Y agrega que el donante ideal es aquel que concurre a la donación porque siente la responsabilidad civil y social de brindar sangre en forma voluntaria. “En Argentina lamentablemente todavía más del 60% de los donantes acuden en forma condicionada porque tienen algún familiar o un conocido que necesita una transfusión y se acercan por pedido de las instituciones médicas a reponer la sangre que se transfundió. Esa no es la mejor situación”, señala el experto.
Cómo es el proceso para donar sangre en tiempos de coronavirus
Esto dificulta generar un stock. Como grafica la doctora Susana Pisarello, directora la Dirección de Medicina Transfusional del Ministerio de Salud de La Nación —en 2002 se crea el Plan Nacional de Sangre de la mano del doctor Daniel Fontana , actual asesor de la Dirección—: “En nuestro país tenemos unas 550.000 donaciones anuales aproximadamente, siendo el 45% donantes voluntarios y habituales. El gran desafío y uno de los objetivos principales de la gestión es aumentar la donación voluntaria, soñamos llegar al 100%. Según la OMS necesitamos que el 3% de la población done sangre para tener un sistema que atienda las necesidades transfusionales en cantidad, calidad y oportunidad”. Cabe aclarar en este punto que por resolución del Ministerio de Salud de la Nación publicada en 2015 la donación de sangre de reposición está prohibida por ley en nuestro país: ningún paciente debe ser obligado ni a pagar ni a reponer la sangre usada en su tratamiento.
Kuperman, en tanto, explica que el banco de sangre del Hospital Garrahan es una de las pocas excepciones en el país que tiene un ciento por ciento de abastecimiento y que no fue afectado por las mermas de los números de donantes durante la pandemia. Con el programa en funcionamiento “Abierto por vacaciones”, en verano tampoco ven alterada la continuidad de la donación. “Dejamos de pedirles a los pacientes que trajeran sus donantes desde el 14 de junio de 2011”, dice Kuperman.
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Por qué, aunque faltan donantes voluntarios de sangre, el sistema expulsa muchos de ellos
En la pandemia bajó hasta un 80% la cantidad de donantes voluntarios y habituales. En Argentina, la ley permite que cualquier persona sana entre 16 y 65 años sea elegible para donar. Sin embargo, muchos donantes son rechazados —sin asidero científico— por su orientación sexual. ¿Qué se hace para revertir esto?
Por Daniela Chueke Perles20 Ene 2021 · 10 min
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Ilustración: Juan Dellacha.
La transfusión de sangre es una práctica médica que salva vidas, pero la posibilidad de que todos los que la necesitan tengan acceso a ella no es exclusiva de los profesionales de la salud: está en nuestras manos. Siendo literales, en nuestros brazos, más exactamente en el pliegue del codo, en donde una aguja estéril unida a una sonda plástica delgada y a una bolsa para sangre, se puede insertar para tomar la sangre que corre por nuestra vena y juntarla en una bolsa unos 450 mililitros. Así de sencillo comienza el procedimiento de la extracción cuando vas a donar tu sangre.
Antes de ir a la bolsa y de que el líquido pueda ser recolectado para su posterior manejo y utilización, el extraccionista recoge algunos pocos mililitros en unos tubos para hacerles los primeros análisis que indican que esa sangre es segura y libre de infecciones y que resultará útil para que la reciba un paciente que en el futuro la necesite. El procedimiento, luego de la pequeña y a veces imperceptible molestia del pinchazo, es indoloro y la aguja permanece colocada unos 10 minutos. Cuando se completa, se retira la aguja, se coloca un pequeño apósito sobre la zona del brazo donde se pinchó y se coloca una venda chiquita para protegerla. Fácil, indoloro, rápido y necesario.
Necesario porque la sangre no se fabrica: pese a la evolución de las tecnologías médicas, aún no existe en la ciencia ningún método de reemplazo sintético de este material vital que todos los días reciben miles de personas en el país.
Pacientes hemofílicos, personas que llegan a las guardias con accidentes graves, otras quienes tienen programadas una cirugía mayor en la que probablemente pierdan mucha sangre, pacientes que padecen leucemia y requieren transplantes de médula ósea, y muchos más. Para todos nosotros, para el momento en que podamos necesitar una transfusión, existe en la Argentina una Red Nacional de Sangre coordinada por el Ministerio de Salud en la que están registrados 426 bancos de sangre públicos y privados de todas las provincias. Ellos se encargan de recibir, testear, almacenar y distribuir la sangre a las instituciones médicas. Pero no siempre dan abasto. Muchas veces las barreras están en la falta de educación. O en los prejuicios contra ciertos grupos de personas, como los hombres homosexuales y bisexuales.
Estas barreras se impusieron aún más durante la pandemia, que cortó con una tendencia creciente de más donantes: por el COVID-19 la donación se redujo entre un 50 y un 80%. Por ello, desde la Red Nacional de Sangre están lanzando campañas para que más personas se sumen a esta forma altruista de colaborar con la sociedad.
Por qué la sangre se dona
Una persona que dona su sangre puede salvar entre tres y cuatro vidas. Si bien este es un slogan y el correlato no es literal, representa que por cada extracción esa sangre se divide en tres unidades distintas y puede usarse para satisfacer la demanda de personas que padecen distintas patologías.
El problema es que, como explica la doctora Silvina Kuperman, jefa del Centro Regional de Hemoterapia del Hospital de Pediatría Garrahan: “La sangre se vence; no podemos simplemente recibirla una vez por año y guardarla. Las plaquetas duran 5 días y los glóbulos rojos 45 días. Los hospitales sin sangre no pueden funcionar”.
A este diagnóstico de la situación suma su reflexión el doctor Oscar Torres, médico especialista en Hemoterapia e Inmunohematología, presidente de la Asociación Argentina de Hemoterapia, Inmunohematología y Terapia Celular (AAHITC): “Si la población entre 16 y 65 años que está en condiciones de donar lo hiciera dos veces al año, en Argentina, seríamos autosuficientes”. Y agrega que el donante ideal es aquel que concurre a la donación porque siente la responsabilidad civil y social de brindar sangre en forma voluntaria. “En Argentina lamentablemente todavía más del 60% de los donantes acuden en forma condicionada porque tienen algún familiar o un conocido que necesita una transfusión y se acercan por pedido de las instituciones médicas a reponer la sangre que se transfundió. Esa no es la mejor situación”, señala el experto.
Cómo es el proceso para donar sangre en tiempos de coronavirus
Esto dificulta generar un stock. Como grafica la doctora Susana Pisarello, directora la Dirección de Medicina Transfusional del Ministerio de Salud de La Nación —en 2002 se crea el Plan Nacional de Sangre de la mano del doctor Daniel Fontana , actual asesor de la Dirección—: “En nuestro país tenemos unas 550.000 donaciones anuales aproximadamente, siendo el 45% donantes voluntarios y habituales. El gran desafío y uno de los objetivos principales de la gestión es aumentar la donación voluntaria, soñamos llegar al 100%. Según la OMS necesitamos que el 3% de la población done sangre para tener un sistema que atienda las necesidades transfusionales en cantidad, calidad y oportunidad”. Cabe aclarar en este punto que por resolución del Ministerio de Salud de la Nación publicada en 2015 la donación de sangre de reposición está prohibida por ley en nuestro país: ningún paciente debe ser obligado ni a pagar ni a reponer la sangre usada en su tratamiento.
Kuperman, en tanto, explica que el banco de sangre del Hospital Garrahan es una de las pocas excepciones en el país que tiene un ciento por ciento de abastecimiento y que no fue afectado por las mermas de los números de donantes durante la pandemia. Con el programa en funcionamiento “Abierto por vacaciones”, en verano tampoco ven alterada la continuidad de la donación. “Dejamos de pedirles a los pacientes que trajeran sus donantes desde el 14 de junio de 2011”, dice Kuperman.
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