Uso de desfibriladores externos automáticos en Argentina y Uruguay

Los Desfibriladores Externos Automáticos (DEA) son de gran importancia en momentos límites donde está en juego la vida de una persona.

Ante los sucesos de la semana pasada en el Ministerio de Agroindustria, donde falleció Roberto Billard, empleado del establecimiento desde 2014, por falta de desfibrilador en el edificio, resulta de crucial importancia conocer el estado de la legislación en cuanto a la prevención de este tipo situaciones.

Reclaman la reglamentación del Sistema de Prevención Integral de muerte súbita

La Ley Nacional 27.159 fue sancionada y promulgada en 2015, sin embargo, aún no se reglamentó. Diversos sectores resaltan la importancia de poner en práctica la norma, que establece la instalación obligatoria de Desfibriladores Externos Automáticos (DEA) en los espacios públicos y privados de acceso masivo.

Profesionales de la salud, así como también organizaciones civiles y familiares de víctimas de muerte súbita reclaman al Poder Ejecutivo la reglamentación de la Ley 27.159 que prevé el desarrollo de un Sistema de Prevención Integral de la muerte súbita. La norma, sancionada por las cámaras de Diputados y Senadores de la Nación y promulgada por el Congreso en 2015, establece la obligatoriedad de instalar Desfibriladores Externos Automáticos (DEA) en los espacios públicos y privados de acceso masivo, con el propósito de reducir la morbimortalidad súbita de origen cardiovascular.

A casi tres años de la promulgación de la Ley, su entrada en vigencia continúa en suspenso y aún no se incorpora esta herramienta clave para atender eficazmente los 30 mil casos de muerte súbita que suceden anualmente en la Argentina, siendo entre el 75 y el 80% de los cuadros por fibrilación ventricular y el 90% de ellos producidos en entornos extra hospitalarios. Frente a este panorama, contar con un DEA en los espacios públicos y privados de gran circulación es de suma utilidad, ya que se trata de un aparato portátil que detecta alteraciones cardiacas y aplica una descarga eléctrica al corazón con la finalidad de restablecer el ritmo cardiaco de una víctima de paro cardiorrespiratorio causado por la fibrilación ventricular.

La Dra. Valeria El Haj, Directora Médica de vittal, explica que, según se calcula, por cada minuto de demora en comenzar el procedimiento de Resucitación Cardiopulmonar e implementación de un DEA, se pierde un 10% de posibilidad de sobrevida y más allá de los 5 minutos, la probabilidad se reduce considerablemente. “La RCP y el uso de un DEA pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte”, destaca la profesional.

Expertos en Cardiología y sociedades científicas afines advierten constantemente sobre la importancia de actuar en los primeros instantes de un paro cardiorrespiratorio, porque, en general, la posibilidad de sobrevida de una persona que presenta un cuadro de estas características en un ámbito extra hospitalario es de apenas el 5%. Esto sucede porque la ventana de tiempo útil para resucitar eficazmente a un paciente es extremadamente breve, lo cual limita la efectividad de las unidades de emergencias de alta complejidad. Además, estas circunstancias tienden a agravarse en el área urbana de las grandes ciudades por el crecimiento del parque automotor y el aumento de las demoras en el tránsito.

Con la utilización inmediata de un DEA, sumado a las maniobras de Reanimación Cardiopulmonar Básica (RCP), el porcentaje de sobrevida sube hasta un 75% si se aplica antes de los 3 minutos, mientras que por cada minuto de retraso que pasa en la aplicación del DEA la posibilidad disminuye un 10%. En este sentido, se trata de un procedimiento esencial para ganar el tiempo necesario, que el servicio de emergencias acuda al lugar donde se encuentra el paciente y, gracias a esta cadena de supervivencia, se puedan salvar muchas más vidas.

Si bien existen diversos factores de riesgo, nadie está exento de sufrir un evento de muerte súbita. La causa más frecuente se debe a una arritmia denominada fibrilación ventricular y puede afectar a personas de cualquier edad, sexo y estado físico, en cualquier momento y lugar, aunque su pico de incidencia está entre los 45 y 75 años de edad. El único tratamiento eficaz es la desfibrilación eléctrica y es por este motivo que la Organización Mundial de la Salud fomenta la instalación de DEA en lugares con alta concentración de gente.

Para usar un DEA es necesario realizar una capacitación previa y el curso de RCP, y se debe tener en cuenta que, al encender el equipo, éste ejecuta un autoanálisis de componentes y circuitos para asegurar su correcto funcionamiento. Luego, detecta el ritmo cardíaco, desfibrilación automática segura y alta velocidad de operación, entre otras variables.

El DEA debe ser utilizado siempre y cuando la víctima esté inconsciente y no presente respiración ni pulso. En tal situación, hay que descubrir el tórax y encender el DEA. Inmediatamente, la voz de mando indica que deben conectarse los electrodos y una vez realizada esta maniobra, se presiona la tecla de análisis y el equipo indica con letras y sonido está llevando a cabo este proceso. Si el paciente se encuentra en fibrilación ventricular, el DEA recomendará aplicar una descarga.

Mientras Argentina todavía espera por la reglamentación de la Ley, sancionada en 2017, varios países ya lograron resultados mediante este tipo de programas preventivos. La ciudad de Seattle en Estados Unidos fue uno de los primeros lugares en poner en práctica la incorporación del DEA en espacios de concurrencia masiva. En Japón, por su lado, el uso de los DEA por el público en general fue aprobado en 2004 y favoreció la amplia difusión de estos equipos y el entrenamiento para su utilización, logrando que la cantidad de DEA se incrementara de 9.906 a 88.265 a lo largo de tres años, desde 2005 a 2007.

En Sudamérica, el número de DEA instalados en Uruguay y de víctimas tratadas con ellos creció progresivamente en los últimos años. En junio de 2010 disponían de 372 DEA que fueron empleados en ocho eventos, mientras que en septiembre de 2011 esta cifra ascendió a 950 DEA y en el mismo mes de 2013, a 1.572 DEA. Uno de los motivos del aumento de los dispositivos fue la aprobación de la Ley 18.360 en 2008.

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