El 30% de los médicos residentes, deprimidos

images (1)Un estudio realizado en Estados Unidos alerta sobre el riesgo del exceso de exigencia en la formación de los médicos recién recibidos.
Los residentes son esos médicos jóvenes que atienden de noche en urgencias, a menudo con cara de agobio, casi siempre con expresión de velocidad muy concentrada. Se pasarán cuatro o cinco años de servicio en servicio –de día y varias veces al mes también de noche–, de guardia en guardia, de informe en informe, y más de una vez, de pánico en pánico.

Se harán especialistas en técnicas muy complicadas gracias a toda esa actividad, además de las sesiones de formación y las horas de estudio. No hay tiempo para mucho más. Así que la depresión y el sufrimiento mental les atacan más que a la media, porque la vida que llevan les hace más vulnerables. A ellos, a los encargados de reparar la salud de los otros.

La prevalencia de la depresión o de síntomas depresivos entre los médicos residentes del mundo varía entre el 20,9% y el 43,2%. En la población en general se calcula un 16%, así que casi duplican el porcentaje. “La profesión médica tiene un problema importante”, reconoce en un editorial la revista de la American Medical Association, JAMA.

Los datos proceden de una revisión de diferentes estudios sobre la materia publicada en esa revista, y en sus conclusiones se pone el acento en lo arriesgado de esta situación. Citan entre los peligros acechantes confusión de datos clínicos, errores médicos, lapsus éticos, cuidados nada compasivos. Además, el sistema de formación no facilita que baje la presión y reciban el tratamiento adecuado. No se pueden poner enfermos. Está mal visto en cualquier hospital de Estados Unidos. Y en cualquiera de aquí.

Enfermos ocultos

Desde la asociación médica americana se denuncia que una profesión que reconoce la importancia de la salud y el bienestar tenga un sistema de valores distinto para sus médicos en formación: el sistema “deja claro a los residentes lo inaceptable que es quedarse en casa cuando están enfermos, pedir permiso cuando un niño o un padre lo necesitan y mostrarse vulnerable frente a las abrumadoras exigencias emocionales y físicas”.

El Col·legi de Metges de Barcelona ha realizado en colaboración con colegios de otras comunidades un análisis a lo largo de varios años de la salud de los MIR (médicos internos residentes), y los datos obtenidos son muy parecidos a los publicados en JAMA. El malestar mental pasaba del 15,1% al empezar la residencia al 28,6% al terminar el primer año. “En el programa del médico enfermo de Barcelona hemos detectado más médicos jóvenes que acuden por problemas de salud mental. Nuestro programa garantiza el anonimato y la más absoluta discreción. Pero han empezado a llegar cuando hemos hecho talleres con los MIR para explicarles que existimos y que hay que tratarse”, explica Antoni Arteman, responsable del programa y de la clínica Galatea, donde se atiende a los médicos discretamente. Reciben más casos procedentes de la asistencia primaria y hospitales comarcales que de grandes centros.

Carga excesiva

La vida de residente supone para el recién licenciado exponerse a la enfermedad en personas reales a las que hay que explorar, interrogar, pedir pruebas, explicar, curar. “Y las primeras situaciones críticas, las primeras muertes”, recuerda Arteman. Pero no es eso lo que les enferma, sino la dificultad de digerir todo eso por no estar preparado, por el propio carácter y por el exceso de carga de trabajo. “No pueden ser tratados como mano de obra barata, y hay que acabar con la idea de que la residencia ha de ser dura, que es para sufrir”, advierte la responsable de urgencias de Can Ruti, Anna Carreras. “Han de descansar tras las guardias. Si tienes nueve guardias al mes, no lo puedes llevar bien. La organización no debe contribuir a la angustia”.

Claro que no todo el mundo sufre igual. En el estudio del COMB se comprueba cómo los más autocríticos, más exigentes, más rígidos sufren mucho más. Son más vulnerables.

Aprender a digerir

“La situación en sí es estresante, pero la tensión disminuye en la medida que aumenta la competencia para resolver”, explica Carreras. “A veces encontramos residentes a las 8 de la tarde atascados ante un informe porque no saben cómo explicar el resultado de una prueba”. Por eso en su hospital se han propuesto ahondar con los tutores de los residentes en su papel y atender esos déficits que no computan en la formación de un especialista, pero le permitirán vivir mejor armado. Intentan que participen en las soluciones, les enseñan a priorizar y organizarse, que los residentes mayores siempre les acompañen para que nunca se ­vean solos sin apoyo, que aprendan a comunicar y empatizar y a trabajar en equipo. Los casos atendidos en Galatea refieren precisamente dos tipos de problemas derivados de estar sin nadie al lado en momentos críticos y también del agotamiento y la falta de horas de descanso y distracción.

El resto de la vida mengua

Según el estudio longitudinal iniciado por el COMB y que de momento tiene los datos de los MIR encuestados que superaron el primer año de residencia, el resto de la vida al margen de su formación sanitaria mengua en todos sus aspectos. Reducen el ejercicio físico, se pierden horas de sueño, y la vida social se suspende semana tras semana. El consumo de tóxicos, ya sea alcohol, tabaco o cannabis, no varía en comparación con el inicio de la residencia. Sí crece el consumo de medicamentos, sobre todo ansiolíticos y antidepresivos. En sólo un año.

¿Qué se está haciendo mal?

En opinión de la revista de la American Medical Association, la prevalencia de esa sintomatología depresiva en los médicos en formación es un marcador importante de los profundos problemas del sistema de educación médica de posgrado, y creen que se necesita un cambio en profundidad. “Yo soy optimista”, reconoce la doctora Carreras desde su contacto directo con los residentes en urgencias. “Pero necesitamos dar valor a conocimientos que no son sólo los técnicos”. Cita cómo afrontar problemas de bioética o trabajar en equipo con otros profesionales, ampliar la asistencia a una visión más paliativa, aprender a escuchar… Habilidades que aún quedan lejos de los ámbitos más valorados, asociados al éxito y la excelencia.

Fuente: La Vanguardia

Clasificado en:España, Etica médica, Europa

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Nuestros servicios

A %d blogueros les gusta esto: