Salud de personas trans y no binarias: Apuntes sobre la necesidad del trabajo transdisciplinario en instituciones de salud

Bajo el título “Apuntes para transicionar en las instituciones de salud”, El trabajo transdiciplinario como metodología para derribar barreras de acceso a la salud de personas trans en instituciones de salud. Aportes para una sensibilización necesaria, el trabajo de mi autoría para la Diplomatura de Género y Salud en el Siglo XXI, de la Universidad de San Martín, pone de manifiesto las problemáticas a las que se enfrentan los efectores de salud y las personas de géneros y sexualidades disidentes.  Lo comparto con todos los suscriptores de Futuro Salud Latam para aportar un granito de arena al debate que ocupa la agenda actual con la intención de abrir la inquietud antes este tema que seguirá presente en toda la región y que tanto necesita de una mirada profunda por parte de los médicos y los responsables de la salud de la población.

Espero que les guste y recibir sus comentarios, acá o por mail a danielachueke@gmail.com

Por supuesto puede reproducirse citando la fuente.

Quienes quieran recibir el trabajo completo pueden enviarme un mail.

 

Por Lic. Daniela Chueke

Socióloga, periodista especializada en Salud y Health IT, Diploma en Género y Salud.

 

Apuntes para transicionar en las instituciones de salud.

El trabajo transdiciplinario como metodología para derribar barreras de acceso a la salud de personas trans en instituciones de salud. Aportes para una sensibilización necesaria.

 

La atención de la salud de las personas trans en Argentina refleja por un lado, la vulnerabilidad de este colectivo y, por el otro, el desconocimiento existente en los efectores de salud acerca de los avances en materia legislativa con respecto a los derechos de estas poblaciones.

 

Con excepción de los equipos hiperespecializados en la atención de personas trans cuando la demanda está relacionada con cuestiones relativas a las intervenciones médicas necesarias para posibilitar la transición, el resto de servicios de salud en la generalidad de las instituciones y distintos niveles de atención de la salud, prevalece un gran desinterés, desconcierto o ignorancia con respecto a la atención a individuos cuya identidad de género no pertenece al orden heteronormativo.

 

La expectativa de vida para este sector poblacional se estima en 35años de acuerdo a datos de la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de la Argentina (ATTTA). Según informes del Ministerio de Salud de la Nación (2009), la prevalencia de infección por VIH/sida entre 2001 y 2009 fue del 34% en travestis y mujeres trans. Las principales causas de fallecimiento son las complicaciones derivadas de las intervenciones caseras para modificar sus cuerpos, las enfermedades relacionadas al VIH/sida y las muertes en contextos de violencia. Asimismo, las investigaciones dan cuenta de un precario acceso a “derechos básicos” como la salud, la educación, el trabajo y la vivienda (Cutuli y Farji, 2016).

 

La vulneración de estos derechos se suma a diversas problemáticas a las que se enfrentan a lo largo de sus trayectorias de vida: altos niveles de exposición a violencia, problemas relacionados con la salud mental (o estigmatización), altas tasas de prevalencia de infecciones de transmisión sexual, consumo de alcohol o sustancias psicoactivas, efectos negativos de hormonas auto administradas, y problemas de salud reproductiva, según se documenta en el reporte “Por la salud de las personas trans” publicado por la OPS/OMS y otras organizaciones que trabajan en la temática.

Según dicha publicación, la Argentina registra una tasa de prevalencia de VIH del 34% entre las personas trans, el grupo más afectado. Este estudio fue diseñado con la

participación de la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina

(ATTTA).

 

Sin embargo, este estudio, al que se suman otras investigaciones, deja afuera la visión de los propios agentes de salud y cómo ellos según las distintas culturas institucionales de las organizaciones de en las que se desenvuelven pueden abonar a un cambio en la eliminación de las barreras de acceso a la salud en sus propias instituciones para las poblaciones trans. En ese sentido hay poca documentación desarrollada, que documente experiencias, sean exitosas o sean de concientización de esta problemática por parte de los planteles médicos (a excepción de los equipos de trabajadores sociales).

En este momento histórico de cambios culturales profundos, el sistema de salud y sus instituciones necesitan actualizar y modificar sus protocolos y prácticas en relación con las nuevas normas aprobadas, sancionadas y reglamentadas en nuestro país. El sistema de salud se enfrenta actualmente a este desafío.

 

La historia de Effy Beth ilustra cómo, en última instancia, sumada a una compleja trama de factores como los arriba mencionados, la ausencia de respuestas eficaces por parte de los equipos de salud a la salud física y mental de personas trans, puede derivar en muertes tempranas y evitables. Como la de Effy, quien se quitó la vida a los 25 años, dos días después de que quien escribe la conociera personalmente, en una boda, después de dos años de interesarse por su obra.

 

La obra y la vida de Effy Beth, artista conceptual, performática y feminista queer fue una lucha constante para derribar las etiquetas que clasifican nuestra forma de estar en el mundo. Aunque para ser reconocida tuvo que aceptar la paradoja de definirse: trans. Tal vez así estuviera menos sola, ser parte de un colectivo, embanderarse en causas, algunas de ellas por los derechos de los demás, aunque no fueran las propias. Cuando lo consiguió, cuando consideró que todo lo que había hecho estaba concluido, dejó sus archivos organizados y simplemente se marchó.

 

El 25 de marzo de 2014, a los 25 años escribió “Que el mundo tiemble cuando yo no tiemble” en su página de Facebook y se suicidó.

 

En sus webs y sus blogs, así como en su página de Facebook, dejó dibujos, historietas, relatos, videos y descripciones de sus performances.

Su odisea para lograr el cambio de género y la aceptación social que nunca llegó del todo, dado que le costaba conseguir trabajo. Y si bien accedió a la operación de reasignación de género nunca estuvo totalmente convencida de desearlo (en sus primeras obras ella se manifestaba como “mujer con pene” y también expuso la discriminación que sufría como mujer trans no menstruante en su obra “nunca serás mujer”, de modo que es posible pensar en una falla en el acompañamiento de los equipos de salud para esta decisión, que se basó más en ganar la lucha contra la burocracia de los sistemas de salud que le negaban el acceso a este derecho, que a un deseo personal. Una hipótesis personal basada en charlas personales con su madre y su amiga de la infancia.

 

El otro gran obstáculo, el del cambio registral que en las instituciones de salud se exige ignorando el artículo 12 de la ley de género, para el trato a cada persona según su identidad autopercibida, sin necesidad de que su nombre coincida con el consignado en el DNI, fue una de las barreras que Effy padeció.

 

Una de las luchas de los colectivos trans es lograr el cambio de nombre y género en el documento nacional de identidad. Por su doble nacionalidad Effy se vio envuelta en una situación kafkiana cuando sin convicción pero por necesidad para poder estudiar o conseguir trabajo, solicitó el cambio en su DNI. El trámite es relativamente sencillo para ciudadanos argentinos desde la vigencia de la ley de identidad de género, pero no para los extranjeros. Effy nació en Israel donde pudo cambiar el nombre de su documento pero no el género y esa situación trababa los trámites ante las autoridades argentinas por la confusión de datos. Para colmo, el cambio de género en el documento no era un tema que filosóficamente respondiera a su pensamiento. Ella pensaba que directamente no debería ser necesario poner femenino o masculino.

 

No fue desacertada su idea, y ya son muchos los activismos que la están poniendo en agenda. No es imposible pensar en que llegará el día en que definitivamente se deje de preguntar cuál es el sexo de las personas.

 

Desde un criterio sociológico o, más bien, estadístico el sexo de las personas hoy es necesario dar una mirada a esta cuestión. ¿Puede el del sexo considerarse un dato que que en el futuro perderá importancia? Creo que en el futuro no será necesario consignarlo en documentos de identidad ni en formularios burocráticos. La información sobre el sexo de las personas, así como sobre su religión–que hace cincuenta años se consignaba en los pasaportes-, es no sólo discriminadora sino innecesaria.

Los datos de filiación, la edad, el sexo, el nivel de ingresos y otras informaciones duras que se piden en las encuestas poblacionales, sirvieron a los fines estadísticos para poder hacer proyecciones–entre otros posibles usos sociológicos- del rumbo de una sociedad: su capacidad reproductiva y fundamentalmente, productiva.

 

Pero si pensamos en cómo será la reproducción dentro de unos diez, veinte, cincuenta años y cómo está cambiando el mundo de la producción a nivel global, resulta evidente que la cuestión del sexo o el género no tendrá incidencia ni en la reproducción ni en la producción.

Si hoy las técnicas de fertilización permiten concebir en probetas, congelar óvulos, inseminaciones con los espermatozoides de donantes anónimos, subrogar úteros, si el ejercicio de la maternidad ya no es exclusivo de la pareja heterosexual, ni siquiera de las parejas… ¿qué sentido tiene hacer proyecciones sobre la capacidad reproductiva de una población? Es imposible. Si en el futuro se diera la necesidad de repoblar una ciudad, un país, un planeta, lo último que se necesitarían serían mujeres en edad fértil.

Bastaría con un banco de óvulos y un banco de esperma.

Como señala Preciado, el concepto mismo de humanidad, de naturaleza debe ser reconsiderado a la luz de los avances científicos y tecnológicos que están reconfigurando los cuerpos.

Como planteaba Effy, es necesario que toda la sociedad, y aquí se propone que específicamente todos los profesionales que tengan a su cargo el cuidado de la salud de las personas, puedan ver más allá de los discursos impuestos históricamente y comprendan que “No hay dos géneros sino uno solo, el de cada cual”.

La cuestión, entonces, es pensar cómo. En ese sentido, el desafío para los sistemas de salud es estén sensibilizados con respecto a la Salud integral trans, definida como “todos aquellos dispositivos médico asistenciales dispuestos para garantizar el completo bienestar físico, psíquico y social de las personas cuya identidad autopercibida no coincide con el sexo asignado al momento del nacimiento (Standards of Care N° 7, Word Professional Association for Transgender Health)”.

En este trabajo, se buscará aproximar una respuesta posible, o mejor, apuntes para arribar a las respuestas que en cada institución sean viables, a partir del concepto de transdiciplinariedad. Siendo la transdiciplinariedad el vehículo que facilite el camino de sensibilización que hoy que se espera que la comunidad médica comience a transitar.

 

El problema: descripción y análisis de causalidad

 

¿Cómo se vincula el tránsito de paradigmas, las políticas institucionales y los derechos de las poblaciones trans? Los esfuerzos por integrar diferentes campos del conocimiento, desde lo particular a lo contextual es parte del desafío destinado a comprender las complejidades que se asocian a la salud, el desarrollo y la calidad de vida de las personas trans que necesitan acceder al sistema de salud. Parte del esfuerzo de este trabajo se orienta a rescatar este desafío epistemológico.

 

Según la doctora Anahí Farji existen tres dimensiones donde se despliegan los obstáculos y estrategias de los profesionales de la salud para la implementación del artículo 11º de la Ley de Identidad de Género: 1) la formación profesional, 2) la gestión y planificación de recursos para la atención médica y 3) la adecuación del sistema de salud a las normativas vigentes en materia de género y sexualidad.

 

 

Nuestra propuesta atraviesa las 3 dimensiones, considerando la formación profesional que se conoce como actualización médica (educación médica continua).

Acá la idea es analizar cómo la perspectiva de género y, en particular, las necesidades de salud y las barreras de acceso a un hospital privado de clase media, son desconocidas por los equipos médicos y tímidamente empiezan a ocupar lugares.

Muchas instituciones están empezando iniciativas de sensibilización y formación en perspectiva de género, algunas están un paso más allá, también considerando la cuestión trans, según lo relevado por Farji.

 

El problema es que los médicos no tienen perspectiva de género, no saben qué es ni cómo podría ayudarlos en su labor.

 

Por eso la transdisciplinariedad (un concepto no jerárquico y horizontal) antes que la interdisciplinariedad (una modalidad jerárquica en la que el saber médico es superior al de los profesionales de disciplinas “blandas”) puede dar respuesta a la necesidad de eliminar las barreras de acceso a la población trans.

 

Para poder presentar estas propuestas, es necesario recuperar las definiciones de transdiciplinariedad que se manejan en la actualidad y obtener los conceptos que conciernen al trabajo en equipos de salud y, de ellos, detectar cuales son los aportes que esto modelo puede realizar para el trabajo con las poblaciones trans.

Será necesario también, considerar las complejidades, evoluciones y continua redefinición de la palabra trans en tanto aquí la usamos para designar a personas que no se identifican con el género asignado al nacer y que al mismo tiempo pueden no buscar una identificación permanente a lo largo de su trayectoria de vida, actualmente consideradas personas no binarias o de género fluido.

 

Que la ciencia, los profesionales de salud puedan incorporar la idea de una no naturalidad del cuerpo ni de las identidades sexogenéricas, es uno de los objetivos que motivaría el trabajo transdiciplinario así como la investigación y el desarrollo de una teoría de la transdiciplinariedad relacionada a la salud.

 

Comprender esta complejidad, esta construcción social de las identidades de género que retroalimenta al mismo tiempo las corporalidades, sus goces y padeceres, así como las vivencias de procesos de salud y enfermedad, se vuelve necesario para, como objetivo de mínima lograr sistemas de salud menos expulsivos hacia las personas trans y, de máxima, abonar a un sistema de salud que dé cuenta del derecho de las personas a ser tratadas por igual, sin distinciones de género ni de ningún otro tipo.

Marco Institucional

El marco institucional de esta contribución es el de la Diplomatura de Género y Salud de la UNSAM, siendo éste el Trabajo Final Integrador para aprobar dicha Diplomatura.

Fuentes

 

  1. Almeida-Filho, Naomar, Complejidad y Transdisciplinariedad en el Campo de la Salud Colectiva: Evaluación de Conceptos y Aplicaciones, SALUD COLECTIVA, Buenos Aires, 2(2): 123-146, Mayo – Agosto, 2006, http://www.unla.edu.ar/saludcolectiva/revista05/3.Naomar%20Almeida.pdf (revisado el 20/12/2018).

 

  1. Cutuli, María Soledad y Farji Neer, Anahí, Iniciativas profesionales y activistas para la implementación de la Ley de Identidad de Género en el ámbito sanitario, (Buenos Aires, 2014-2016), en Salud, sexualidades y derechos, Paula Lehner, Alejandro Capriati y Juan Pedro Alonso (compiladores), https://www.teseopress.com/jornadassalud11/chapter/iniciativas-profesionales-y-activistas-para-la-implementacion-de-la-ley-de-identidad-de-genero-en-el-ambito-sanitario-buenos-aires-2014-2016/ (revisado el 18/11/2018).

 

  1. Comisión Internacional de Juristas (ICJ), Principios de Yogyakarta : Principios sobre la aplicación de la legislación internacional de derechos humanos en relación con la orientación sexual y la identidad de género, Marzo 2007, disponible en esta dirección: https://www.refworld.org.es/docid/48244e9f2.html (revisado el 20 de diciembre 2018).

 

  1. Matus Carlos, Método Altadir de planificación popular (2007, Lugar Editorial).

 

  1. Oscar Scribano, Adrián, El proceso de investigación social cualitativo (2008, Prometeo Libros).

 

  1. Preciado, Paul B, Manifiesto contrasexual (2016, Anagrama).

 

  1. Preciado, Paul B, Testo yonqui (Espasa Calpe, 2008),

 

  1. Chueke, Daniela, “Cuando yo no tiemble. La UNLP acaba de editar una recopilación de escritos y dibujos de Effy Beth, artista conceptual y militante trans que se suicidó en 2014 a los 25 años.”, artículo periodístico en La Agenda Revista (13 de enero de 2016), http://laagenda.buenosaires.gob.ar/post/155806985380/cuando-yo-no-tiemble (revisado el 11 de febrero de 2019).

 

  1. Ley 26.743, Identidad de Género, (mayo 2012), http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/195000-199999/197860/norma.htm (revisado el 20/02/2019).

 

  1. Sabsay, Leticia, Fronteras sexuales, espacio urbano, cuerpos y ciudadanía (2011, Paidós).

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