La increíble historia de la doctora Ana Aslan, sus tratamientos para detener el envejecimiento y la creación del primer instituto de geriatría del mundo en Rumania

Solo con poner su nombre en Google aparecen indexadas numerosas páginas web de centros de estética y rejuvenecimiento: es que los programadores y expertos en SEO saben que Aslan es una certera palabra clave para las empresas que brindan estos servicios. No es el león de Narnia, sino Ana Aslan, la médica rumana que desde1952 se propuso concretar un sueño universal: extender la juventud.

La doctora Aslan, consagró su actividad científica a la investigación de un singular compuesto que en 1946 descubrió que prometía tener propiedades antienvejecimiento: una fórmula basada en el clorhidrato de procaína, un potente anestésico al que los estudios de Aslan le adjudicaron propiedades rejuvenecedoras para numerosas funciones del organismo. Basado en esta sustancia, desarrolló y patentó la fórmula del Gerovital H3 y del Aslavital, productos que, en su momento, se promovieron y difundieron mundialmente como medicamentos revolucionarios. Pero más que la eficacia de los productos, lo que la doctora Ana Aslan se propuso fue demostrar que la vejez podía tratarse como cualquier otra enfermedad y a eso se abocó a lo largo de su vida. Aunque no estuvo exenta de polémicas y detractores sus aportes se consideran importantes para el desarrollo de la gerontología y ganó diversos premios científicos a lo largo de su carrera.

Ana Aslan investigó y creó durante el régimen comunista y aunque ella siempre buscó mantenerse al margen de las connotaciones ideológicas, terminó convirtiéndose en una involuntaria embajadora del gobierno a nivel internacional. La investigación científica había traspasado las fronteras del país y Aslan fue reconocida y recompensada con innumerables títulos científicos y premios ofrecidos por prestigiosas instituciones médicas en todos los continentes. La distinción más importante, el Premio León Bernard, le fue otorgada por la Organización Mundial de la Salud, en 1952.

En 1973, Estados Unidos lo incluyó en la lista de medicamentos, pero nueve años después prohibieron por completo su importación y venta. Poco a poco el Gerovital fue cayendo en el olvido.

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