Fragmentación del ADN espermático: cuándo considerar TESE en infertilidad masculina

La infertilidad afecta a entre el 10% y el 15% de las parejas en edad reproductiva y, en aproximadamente la mitad de los casos, existe un factor masculino involucrado. Aun así, su evaluación sigue siendo, en muchos casos, tardía o incompleta. En los últimos años, el foco comenzó a correrse hacia variables menos visibles, como la calidad del ADN espermático, que no siempre se detecta en los estudios convencionales.

“La fertilidad es un entramado complejo de factores hormonales, genéticos, ambientales y de salud. El potencial reproductivo de una pareja es la suma de ambos”, explica el Dr. Gastón Rey Valzacchi, especialista en medicina reproductiva y autor del Manual Práctico de Andrología.

En ese contexto, la fragmentación del ADN espermático se consolida como un factor clínicamente relevante. Se trata de la presencia de rupturas en el material genético del espermatozoide que pueden afectar los resultados reproductivos. “Distintas investigaciones demostraron una correlación negativa entre la fragmentación del ADN espermático y las tasas de embarazo espontáneo, así como un aumento en los abortos recurrentes”, señala el especialista. En tratamientos de reproducción asistida, también se ha observado una mayor tasa de fallas cuando este factor está presente.

Las causas son múltiples e incluyen estrés oxidativo por radicales libres, infecciones, varicocele, exposición a tóxicos o calor, así como alteraciones en procesos biológicos como la apoptosis o la protaminación. En muchos casos, estos fenómenos ocurren después de la producción espermática, lo que complejiza su detección.

El abordaje suele ser progresivo. En una primera instancia, se apunta a identificar y corregir factores modificables. “Las primeras estrategias incluyen tratar causas identificables, indicar antioxidantes y ajustar hábitos, como reducir los períodos prolongados de abstinencia, que hoy sabemos que pueden aumentar el daño en el ADN espermático”, explica Rey Valzacchi. A esto se suman técnicas de laboratorio orientadas a la selección espermática, como el uso de columnas de anexina o dispositivos de microfluidos como Zymot, que permiten aislar espermatozoides con menor daño genético.

Cuando estas estrategias no logran mejorar los resultados, puede considerarse el TESE (Testicular Sperm Extraction), una técnica que consiste en obtener espermatozoides directamente del testículo. “El fundamento del TESE es que, en determinados pacientes, los espermatozoides testiculares pueden presentar menor fragmentación que los eyaculados, ya que no estuvieron expuestos a los factores que generan daño en el trayecto”, detalla.

El especialista aclara que el TESE no constituye una primera línea de tratamiento, sino una herramienta dentro de un abordaje escalonado. “El abordaje siempre es escalonado. El TESE se reserva para situaciones específicas, donde ya se trabajó sobre los factores modificables y otras técnicas no fueron suficientes”, explica.

El interés por esta técnica se apoya en evidencia como el trabajo de Greco y colaboradores (2005), que mostró mejores resultados reproductivos en pacientes con alta fragmentación del ADN espermático y antecedentes de fallas en tratamientos previos.

El avance en el estudio de la calidad espermática y en las técnicas de reproducción asistida amplía las opciones terapéuticas en infertilidad masculina, un campo que durante años tuvo menor visibilidad. “Cada vez entendemos mejor el rol del factor masculino. Incorporar estas variables en el diagnóstico y tratamiento es clave para mejorar las posibilidades reproductivas”, concluye.


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