Vorasidenib: cómo es la nueva terapia dirigida para gliomas que ya está disponible en Argentina

Por primera vez desde hace dos décadas, la Argentina cuenta con una terapia dirigida para gliomas con una mutación genética específica, un avance que se acompaña de testimonios que buscan visibilizar la enfermedad

Durante veinte años, el equipo tratante de un paciente con glioma de bajo grado tenía tres herramientas y ningún orden para elegir entre ellas: cirugía, radioterapia, quimioterapia. La decisión dependía del criterio clínico y de cuánto margen quedaba antes de sumar toxicidad a un cuerpo que, en la mayoría de los casos, todavía tenía varias décadas de vida por delante. Esa espera terminó: la ANMAT aprobó Vorasidenib, la primera terapia dirigida a la mutación IDH en gliomas de bajo grado, y el medicamento ya circula en el país.

El dato no es menor para una enfermedad con esta demografía. Según cifras de Francia y Alemania, la mediana de edad al diagnóstico ronda los 34 a 39 años, justo el tramo en el que una persona sostiene una carrera profesional y, muchas veces, una familia con hijos pequeños. La incidencia es baja, de 0,5 a 0,6 casos cada 100.000 habitantes, pero quien lo recibe carga con una enfermedad crónica en la mitad de su vida activa.

Cómo arribar al diagnóstico

El neuro-oncólogo Elías Ortega Chahla, de la Unidad de Neuro-Oncología del Instituto Ángel H. Roffo y miembro del Grupo Argentino de Investigación de Neuro-Oncología, atiende a pacientes con este perfil desde hace años. Sabe que el diagnóstico, cuando llega, exige algo más que anatomía patológica. «Es muy importante hacer un diagnóstico que incluya anatomía patológica y también biología molecular. Esto permite definir el tipo específico de glioma y, en base a eso, recomendar el tratamiento más adecuado», explica.

Esa biología molecular es, de hecho, la que ahora define quién puede acceder al nuevo tratamiento. Vorasidenib actúa sobre las enzimas IDH1 e IDH2 cuando están mutadas, bloqueando su capacidad de producir las sustancias que empujan el crecimiento del tumor. Alcanza a pacientes con astrocitoma u oligodendroglioma de grado 2, adultos y también adolescentes desde los 12 años, siempre que ya hayan pasado por una cirugía. Se toma en comprimidos, todos los días, sin necesidad de infusión ni internación, algo que simplifica el seguimiento ambulatorio y le da al equipo tratante un esquema de control más manejable.

El respaldo detrás de esta aprobación es el ensayo INDIGO, que también sostuvo la decisión de las agencias regulatorias internacionales de referencia. Sus números explican por qué esta droga cambia una conducta clínica sostenida durante dos décadas. El riesgo de progresión de la enfermedad cayó un 61% en el grupo tratado. La mediana de tiempo libre de progresión llegó a 27,7 meses, contra 11,1 meses en el grupo placebo (Hazard Ratio 0,39; intervalo de confianza del 95%, 0,27 a 0,56; P unilateral <0,001). Traducido a la práctica diaria, esto significa más tiempo antes de recurrir a radioterapia o quimioterapia, y menos toxicidad acumulada en pacientes que todavía tienen mucho por delante.

Futuro Salud Latam junto con el equipo que anunció la aprobación de Vorasidenib en Argentina.

Nada de esto funciona sin un diagnóstico certero. Chahla insiste en que la resonancia magnética caracteriza la lesión, pero es la biopsia la que confirma si hay o no mutación IDH presente. Sin ese dato, la clasificación del tumor según los criterios de la Organización Mundial de la Salud queda trunca, y con ella la elección del tratamiento. El especialista describe las convulsiones como el signo de alarma más frecuente, junto con cambios en la función mental, dificultades en el habla, debilidad o entumecimiento en extremidades o en un lado de la cara, cefaleas persistentes, náuseas y vómitos. Todos estos síntomas varían según la zona cerebral comprometida y la velocidad de crecimiento del tumor, y ante su aparición corresponde un estudio de imagen sin demora.

Diagnóstico,cirugía, seguimiento y adherencia

La cirugía sigue siendo el primer paso una vez confirmado el diagnóstico, con el objetivo de extirpar la mayor cantidad de tumor posible sin poner en riesgo al paciente. De esa intervención depende buena parte del pronóstico a corto, mediano y largo plazo. Recién después, según el subtipo de glioma, el equipo tratante define entre radioterapia, quimioterapia o esta nueva terapia dirigida. Y el trabajo no termina ahí: Chahla recuerda que la adherencia a los controles con el oncólogo de cabecera es lo que permite detectar a tiempo cualquier recaída.

Para directores de hospitales y jefes de servicio, esta novedad trae una tarea concreta antes que una celebración: revisar si la institución cuenta con circuitos de diagnóstico molecular disponibles. Sin el estudio de la mutación IDH, ningún paciente puede identificarse como candidato a esta terapia, por más que esté indicada para su tipo de tumor.

Historias de pacientes

Detrás de las cifras hay historias que la campaña «Esto es un Glioma», impulsada por Servier Argentina, elige mostrar. Sol tiene 49 años, es artista y profesora de Artes Visuales, y describe así lo que significó su diagnóstico: «Vivir con un glioma para mí es un sinónimo de no poder planificar mi vida.» Gonzalo tenía 19 años y cursaba el último año de la secundaria cuando escuchó el diagnóstico por primera vez. Hoy resume el efecto del tratamiento con una frase simple: «Definitivamente convivir con el glioma afectó mis actividades diarias.» Sus historias, disponibles en el portal estoesunglioma.com.ar junto con material educativo sobre síntomas y diagnóstico molecular, muestran el rango etario que puede alcanzar esta enfermedad y por qué un diagnóstico temprano define, en gran medida, lo que viene después.

Referencias:

WAHNER, A. Vorasidenib Breaks Through as the First Systemic Therapy for Select Patients With Glioma. OncLive, 6 de septiembre de 2024.
Prospecto de producto aprobado por ANMAT (Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica).
O’LEARY, Karen. A new targeted therapy for low-grade glioma. Nature Medicine, 2023.
MELLINGHOFF, Ingo K. et al. Vorasidenib in IDH1-or IDH2-mutant low-grade glioma. New England Journal of Medicine, v. 389, n. 7, p. 589-601, 2023.
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MANDONNET, E. et al. Continuous growth of mean tumor diameter in a subset of grade II gliomas. Annals of Neurology, v. 53, n. 4, p. 524-528, 2003.
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REES, J. et al. Volumes and growth rates of untreated adult low-grade gliomas indicate risk of early malignant transformation. European Journal of Radiology, v. 72, n. 1, p. 54-64, 2009.


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